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Cuidado, espiar a su ex pareja le puede llevar a prisión

Cuidado, espiar a su ex pareja le puede llevar a prisión

La tecnología está detrás de muchas separaciones y divorcios. En ocasiones las rupturas matrimoniales llegan porque se descubren infidelidades a través del móvil, del ordenador, de las redes sociales. Charlas que incomodan a uno de los dos cónyuges, que los aleja.

Si estas prácticas se quedan en un simple fisgoneo el reproche al cónyuge espía sólo será moral o ético. Pero si la información obtenida se difunde o se utiliza con el fin de obtener algún beneficio o hacer daño a otra persona, cuidado, porque el fisgoneo puede convertirse en delito. Los tribunales castigan con prisión la apropiación de archivos informáticos si se utilizan como prueba en los procesos de divorcio.

La demoscopia dice que la Comunidad Valenciana fue la segunda autonomía donde más personas disolvieron su unión matrimonial (3,2 por cada mil habitantes) por detrás de Canarias (3,3), región en la que más rupturas matrimoniales se registran en España. Según los datos proporcionados por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), las demandas de divorcio fueron las que registraron un mayor incremento en 2014, al pasar de las 117.935 de 2013 a 126.400. La mayoría de los divorcios -75.795- fueron de mutuo acuerdo, sí, pero los no consensuados -50.605- aumentaron un 6,3% respecto al año anterior. Y si no son divorcios de mutuo acuerdo en ocasiones los celos patológicos o las sospechas de infidelidad empuja a uno de los dos cónyuges a robar información del otro.

Hasta el despacho de abogados de José Domingo Monforte, en Valencia, llegan muchos de estos casos. Alertan que espiar a la pareja o ex pareja, apropiarse de sus archivos informáticos, de sus mensajes de móvil para desvelar secretos que pertenecen a su intimidad se castiga con penas que incluso puede llevar al cónyuge espía a la prisión.

«En muchas ocasiones las rupturas matrimoniales se producen porque se descubren infidelidades a través del móvil o el ordenador. A nosotros, cuando nos lo manifiestan, advertimos e informamos de inmediato de las graves consecuencias penales que puede acarrear, pues una cosa es el mero fisgoneo o el conocimiento accidental y otra su apropiación como prueba, que nunca debe hacerse ni mucho menos introducirse en el proceso», explica José Domingo Monforte.

Hay jurisprudencia sobre ello. Quizás una de las sentencias más reveladoras es la del juzgado de lo Penal número 4 de Girona que condenó en octubre a dos años y medio de cárcel y multa de 6 euros diarios durante 19 meses a un hombre que utilizó fotografías y mensajes copiados del móvil de su mujer para probar una infidelidad en un proceso de divorcio sin acuerdo, unos delitos con riesgo de multiplicarse por el desarrollo de aplicaciones que permiten rastrear perfiles en redes sociales para espiar a parejas.

Desde Monforte Abogados puntualizan que el cónyuge espía sabe que lo que está haciendo no está bien. Pero la necesidad de confirmar sus sospechas de infidelidad resulta es mayor a la de su mala conciencia. El cónyuge pillado, en cambio, siente que se ha invadido su intimidad pero no tiene fuerza moral para contrarrestar el ataque.

Cegado por el despecho el cónyuge espía trata de utilizar la información conseguida para salir beneficiado en el proceso de divorcio. Pero el ordenamiento jurídico no busca declarar inocencias o culpabilidades sino encontrar soluciones. «El abogado debe valorar los documentos que aporta el cliente, no todo vale en Derecho. La intimidad se consagra como derecho fundamental y conlleva una protección máxima. Protección que implica por un lado la nulidad de la prueba y por otro la respuesta punitiva hacia la persona que quebranta ese derecho», concluye Monforte.

Fuente: elmundo.es

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